Se hacen cada vez más recurrentes los llamados a tomar medidas preventivas ante los posibles efectos de un fenómeno de “El Niño” inusualmente fuerte hacia finales del año, lo que podría impactar a las temperaturas globales, incrementar los huracanes, las sequías y otros fenómenos extremos este año, con los respectivos impactos a la agricultura regional.
De acuerdo con la FAO, Existe una creciente probabilidad de que el fenómeno de El Niño que se espera que surja pronto se sitúe entre los más intensos jamás registrados. Las previsiones de las agencias climáticas sitúan ahora la probabilidad de que se desarrolle El Niño por encima del 60% para mediados de 2026, y algunos modelos apuntan a la posibilidad de un evento intenso a finales de año.
La última predicción del centro europeo indica que las temperaturas de la superficie del mar en el Pacífico ecuatorial central podrían alcanzar hasta 3 grados por encima del promedio para el otoño. De ser así, este fenómeno de El Niño se convertiría en uno de los más intensos registrados y podría calificarse como un “super El Niño”.
En el pasado, las sequías severas provocadas por El Niño han causado fuertes caídas localizadas en la producción de cereales, incluso cuando el suministro mundial de alimentos se mantuvo sólido. El fenómeno de El Niño de 1997-98 contribuyó a graves sequías e inundaciones en África, Asia y América Latina, mientras que el de 2015-16 afectó a más de 60 millones de personas en todo el mundo y contribuyó a importantes pérdidas agrícolas en el sur de África, el sudeste asiático y partes de Centroamérica.
La llegada de un super El Niño podría agravar los efectos de las perturbaciones en el estrecho de Ormuz, intensificando la presión existente sobre los sistemas agroalimentarios mundiales. Para finales de 2026, las perturbaciones geopolíticas, el aumento de los precios de la energía, la escasez de fertilizantes, la menor oferta, la reducción de la siembra y las pérdidas de producción derivadas de El Niño podrían converger en una crisis sistémica de gravedad.
Para la agricultura regional, además de los impactos ya mencionados de temperaturas más altas, se pueden presentar una mayor frecuencia e intensidad de huracanes, pero también una mayor precipitación en el ciclo otoño-invierno 2026-2027, que son los impactos que se han reportado en otras temporadas con Niños fuertes.
Los fenómenos climáticos extremos, como El Niño, forman parte del creciente panorama de riesgos, y los gobiernos deben prepararse para ellos. Por lo que la FAO recomienda: actuar con anticipación, mantener el comercio y los mercados en funcionamiento, ampliar la protección social, invertir en resiliencia antes de que se vea afectado el próximo ciclo de producción.

