Los agricultores sinaloenses están enfrentando una de las más grandes crisis que se han tenido, debido a una serie de años con bajos precios y una caída significativa de la producción debido a sequías extraordinarias lo que ha descapitalizado a los productores.
Con datos del Servicio Información Agroalimentaria y Pesquera, la balanza de disponibilidad-consumo muestra una producción estable a nivel nacional en los años posteriores al 2011, pero que en los últimos años fue a la baja debido a la sequía que estuvo impactando a buena parte del territorio nacional.
Es importante mencionar que en la tabla presentada se usan los ciclos de comercialización de septiembre a agosto del próximo año para que ajuste con la producción y el período de comercialización reportado por EE.UU., nuestro principal socio comercial y el más grande productor, así como el más grande exportador de maíz en el mundo.
En contraste con la producción, las importaciones han venido incrementando consistentemente en los últimos años pasando de 11.7 millones de toneladas una participación del 38% en el ciclo de comercialización 2011/2012 a un estimado de 25 millones de toneladas o una participación del 52% en el 2024/2025. Esto significa que por segundo año consecutivo es más lo que importamos que lo que producimos nacionalmente. Eso implica un crecimiento que ante un incremento en el consumo nacional estimado del 58%, en el período, las importaciones se han incrementado un 114% de los años 2012 al 2025.
Hasta el año 2023 el crecimiento de la producción lo había hecho a un ligeramente menor al 4% ante un incremento en el consumo promedio por encima del 4%, así que parte del crecimiento estaba consistentemente siendo suplido por las importaciones, incrementando consistentemente la participación a pesar de los objetivos del gobierno federal de incrementar la soberanía agroalimentaria. Sin embargo, en los últimos años la sequía impactó la producción, lo que impulsó significativamente las importaciones, como se puede ver en la tabla y en la gráfica.
Este crecimiento se explica principalmente por el fuerte impulso del consumo pecuario que demanda maíz amarillo, pero que puede consumir blanco en caso de excedentes, pero la demanda de maíz blanco se ha mantenido estancado por un bajo crecimiento poblacional y un cambio en la dieta de los mexicanos donde el consumo humano crece a un ritmo menor al 2% anual frente a una demanda pecuaria que crece alrededor de un 10% anual.
Los precios estuvieron estables en los años anteriores a la pandemia una vez considerando los apoyos otorgados a los productores hasta el año 2020, pero a raíz de la invasión de Rusia a Ucrania y de los efectos de la pandemia, se tuvo un incremento importante en los precios del maíz y de los granos en general.
Despues de la pandemia, los precios bajaron, y ahora están lejos de los niveles más altos, pero no así los precios de los insumos, mismos que se incrementaron con los mejores precios recibidos por los productores, y aún siguen a esos mismos precios altos. Esto, aunados a una menor producción, en los años de la sequía están impactando la rentabilidad de los productores nacionales. Pero ese efecto se ha multiplicado en el caso de los productores de Sinaloa, que tienen costos de insumos
más altos por la tecnificación de su agricultura que fue seriamente impactada por la disponibilidad de agua, por la disminución en la superficie de siembra y con menores rendimientos.
Por lo que la descapitalización ha sido severa al tener mayores costos de producción, menores precios de los granos y menores volúmenes de las cosechas en los cuales repartir esos costos. Por lo que es necesaria mejorar la rentabilidad y la certidumbre de la comercialización, así como del financiamiento para que los productores puedan invertir en los cultivos del próximo año, porque de lo contrario, no se podrán recuperar los niveles de producción, a pesar de tener más disponibilidad de agua y menos aún incrementar la soberanía alimentaria del país.

