De acuerdo con una nota de “El Financiero”, a un año de que Estados Unidos impuso una cuota compensatoria de 17 por ciento al tomate fresco mexicano tras dar por terminado el Acuerdo de Suspensión, el sector mantiene su posición como principal proveedor del mercado estadounidense, pero el costo de la medida ya se refleja en una caída de las exportaciones por volumen ven una baja de los precios internos que afecta principalmente a los productores.
Al inicio de la ronda de negociaciones del TMEC entre México y EE. UU., es importante hacer notar lo que podría pasar con las exportaciones agroalimentarias, en caso de no llegar a un acuerdo que elimine por completo los aranceles en nuestros productos. Donde tenemos un ejemplo, muy importante con el impacto observado en las exportaciones de tomate, a pesar de ser un producto de una alta demanda en el mercado estadounidense.

Un análisis del Grupo Consultor de Mercados Agrícolas (GCMA), detalla que entre enero y mayo de este año México exportó 739.5 mil toneladas de tomate, una disminución anual de 11.1 por ciento. Sin embargo, el valor de las ventas aumentó 13.2 por ciento, hasta mil 77.2 millones de dólares, debido a que el precio promedio de exportación pasó de 1.14 a 1.46 dólares por kilogramo, un incremento de 27.4 por ciento.
El organismo advirtió que el mayor precio de exportación no significa necesariamente una mejor rentabilidad para el sector, ya que “el aumento del valor por kilogramo no necesariamente compensa la pérdida de volumen ni garantiza una mayor rentabilidad para los productores”.
El incremento de precio se dio por los problemas en la producción en México y en EE.UU., lo que generó una menor oferta de producto. La disminución, fue en parte debido a la caída en las exportaciones (a consecuencia de los aranceles y la menor demanda del año pasado), y por otro lado por las heladas que se produjeron en Florida, por lo que fue en parte por el impacto de los aranceles. Pero si no se hubieran dado los problemas de producción Florida, no se hubieran presentado precios tan altos.
Por lo que no es posible esperar que este comportamiento se presente en un futuro, pero sí hace que los precios de este mercado sean más volátiles, porque no se tiene la manera de compensar una aumento o caída de la demanda, con una producción menor a lo que normalmente se tiene. No se cuenta con esa flexibilidad en la oferta, porque es menos rentable apostar a un volumen mayor de demanda.
Por otro lado, la menor colocación del producto en Estados Unidos también ha tenido efectos en el mercado nacional. Tras los altos precios registrados en abril y mayo, el tomate registró descensos en todos los eslabones de la cadena comercial. Al 29 de junio, el productor recibió apenas 6.30 pesos por kilogramo, mientras que el consumidor en autoservicio pagó 23.40 pesos; es decir, el agricultor obtuvo sólo 26.9 por ciento del precio final.
GCMA atribuyó esta caída a la reducción del volumen exportado, la mayor disponibilidad de tomate en el mercado mexicano, la entrada de la cosecha de verano en Estados Unidos, la menor demanda estacional y la alta perecibilidad del producto, que obliga a comercializar rápidamente. Porque no se puede almacenar para esperar un mejor precio o una mejora en la demanda que permita mover el producto, se debe vender o echarse a perder. Este efecto de los precios y las características del producto hacen que los precios del tomate sean mucho más volátiles que los de otros productos.
Por todo lo anterior, es de suma importancia que se involucre a los productores en las mesas de negociación, y que se reviertan los aranceles a todos los productos agroalimentarios, considerando el gran impacto que puede generar en el sector, así como el impacto social de la pérdida de jornales en el campo.