En marzo, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), observó una predicción sorprendente en su modelo para “El Niño”, el modelo proyectó el segundo evento más intenso desde 1991. De acuerdo con este pronóstico la intensidad podría ser comparable solo con el año de 1997, que fue un evento que provocó sequías, inundaciones y otros fenómenos meteorológicos extremos en todo el mundo.
El pronóstico, que en su momento fue sorprendente, ya no parece una excepción. En su último informe, 11 de junio pasado, la NOAA confirmó que El Niño ha comenzado, con el desplazamiento de aguas cálidas hacia el este, hacia el océano normalmente frío frente a la costa peruana. Estimó una probabilidad del 63% de que El Niño se intensifique hasta convertirse en un evento muy fuerte a finales de este año, casi el doble de la probabilidad que asignó en mayo.
Si se cumplen las previsiones, la NOAA proyecta que las aguas tropicales del Pacífico podrían calentar 2.4 °C para noviembre, inyectando calor y humedad a la atmósfera y alterando los patrones climáticos en todo el mundo. Las fuertes lluvias podrían provocar inundaciones en partes del sur de Estados Unidos, África oriental y China, mientras que los riesgos de sequía e incendios forestales podrían aumentar en Indonesia, Australia y el sur de África. La temporada de huracanes del Pacífico podría intensificarse, mientras que la del Océano Atlántico podría debilitarse. El Niño también tiende a elevar las temperaturas globales, lo que aumenta la posibilidad de que 2027 establezca un nuevo récord de calor.
A estas alturas, las principales ráfagas de viento ya han comenzado a manifestarse y, este año, parecen estar impulsando a El Niño hacia un fenómeno más intenso. El Washington Post informó que tres ciclones, formados casi simultáneamente cerca de Papúa Nueva Guinea, contribuyeron a impulsar los vientos del oeste.
Tradicionalmente, se define El Niño como un fenómeno que ocurre cuando la temperatura de la superficie del mar en el Pacífico tropical aumenta 0,5 °C por encima de su promedio de 30 años. El RONI también compara el Pacífico tropical con el resto de los océanos del mundo, lo que ayuda a diferenciar el calentamiento causado por El Niño del calentamiento que afecta a los océanos en general.
Los impactos pueden ser variados
Parte del problema radica en que, si bien los patrones generales de las alteraciones meteorológicas son similares de un El Niño a otro, los detalles pueden variar considerablemente, explica Wilfran Moufouma-Okia, jefe de predicción climática de la Organización Meteorológica Mundial. En un clima más cálido, añade, la atmósfera está preparada con mayor humedad y energía, lo que puede intensificar los fenómenos meteorológicos extremos de El Niño.
“Me preocupan especialmente las zonas donde el fenómeno de El Niño y las tendencias a largo plazo podrían reforzarse mutuamente”, afirma Johnson. Esto incluye los arrecifes de coral y la pesca, que ya han sufrido repetidas olas de calor marinas, así como lugares que experimentan sequías prolongadas, como la Amazonía. Y a pocos les sorprenderá que El Niño convierta a 2027 en el año más caluroso registrado.
Becker señala que el próximo fenómeno de El Niño destaca no solo por su magnitud, sino también por su rapidez. El mundo aún se encontraba en la fase de La Niña en el invierno de 2025, con temperaturas inferiores a la media en el Pacífico oriental tropical. Un cambio tan rápido hacia un El Niño tan intenso no se había visto desde que se empezaron a recopilar datos en la década de 1950. “Este es un pronóstico inusual”, comenta Becker. “Pero lo inusual solo se remonta a unos 75 años atrás”. Aunque no está claro si el cambio climático global está impulsando este rápido cambio, los investigadores señalan que las fluctuaciones más drásticas entre El Niño y La Niña coinciden con las predicciones de los modelos climáticos.
Sea cual sea la razón por la que los modelos convergieron tan pronto y con tanta fuerza en un poderoso fenómeno de El Niño, su mensaje es inequívoco. El mundo debe prepararse para grandes perturbaciones, advierten los investigadores.
